Un campamento, una inmersión, una gran experiencia, aquel 17 de junio comenzamos a vivir uno de los mejores momentos de nuestra vida, momentos que quedarán guardados, no solo en nuestra mente, sino en nuestro corazón, fuimos una gran familia, un equipo fuerte, que disfrutó cada instante, cada momento, cada lugar y cada aprendizaje.
Después de un largo vuelo, tras el aterrizaje en el aeropuerto de Beijing, el 19 de junio, China se presentó de golpe, con una humedad envolvente y el murmullo de una civilización que camina entre el milenio y el futuro.
Era una noche cálida e iluminada, felices y emocionados estábamos allí, frente a nuestra cena de bienvenida, que nos llevaba a tener el primer contacto con los sabores especiados del norte, nuestro paladar empezaba a sentir nuevas sensaciones. ¡Qué buen comienzo!
Nos adentramos al corazón histórico de la capital, la Plaza Tiananmén, una de las plazas urbanas más grandes del mundo, un espacio amplio y solemne que nos impresionó por su escala monumental, cruzar el umbral de la Paz Celestial para internarse en la ciudad prohibida fue como atravesar una puerta en el tiempo, los tejados dorados, los patios interminables y el carmín imperial de los muros parecían custodiar el eco de dinastías pasadas. En la tarde, un contraste de simetría y espiritualidad nos mostraba la serenidad del Templo del Cielo, donde los emperadores de las dinastías Ming y Quing ofrecían sacrificios al dios del cielo y rezaban por cosechas abundantes.
Y llegó una de las pruebas de fuego esperadas, la caminata por la Gran Muralla China. Ver ese monumento gigante, observar su estructura imponente pasando por las montañas,subir cada escalón sin saber si tendría un fin, nos hizo comprender su importancia y saber que es uno de los símbolos más importantes y significativos para la cultura China, representando épocas antiguas, tradiciones y una cultura que perdura a través del tiempo.
Y cerramos esta gran experiencia contemplando la elegancia del Palacio de Verano junto a la vanguardia arquitectónica de la Villa Olímpica, impresionados por la estructura del Nido de Pájaro.
Abordamos por primera vez el tren de alta velocidad con destino a Hefei. Un recorrido espectacular a gran velocidad, observando el paisaje urbano que daba paso a campos agrícolas y verdes colinas, fue el inicio de una nueva aventura, haciendo que Anhui University se convirtiera en nuestro hogar por una semana.
Nuestra etapa académica en China sería muy significativa no solo a nivel cognitivo, sino también a nivel personal, adquiriendo hábitos que seguro nos servirán para toda la vida. Nuestro paso por Anhui nos deja recuerdos imborrables y valiosos aprendizajes. En cada una de las clases descubrimos nuevas perspectivas sobre el idioma, aprendimos palabras, arte, literatura, historia, danza, cocina y hasta salimos expertos en la medicina china.
No solo nos llevamos aprendizajes, sino recuerdos de compartir como una verdadera familia, aprovechando nuestro tiempo libre montando bicicleta o jugando fútbol o simplemente en tardes de tertulia llenas de risas y anécdotas inolvidables.
Huangshan donde la gastronomía de Anhui y el museo de la ciudad nos prepararon para la inmersión en la China ancestral. No olvidaremos la sensación de despertar con la ilusión de conocer las majestuosas Montañas Huangshan, conocidas también como Las Montañas Amarillas, caminar entre pinos emergiendo de un mar de nubes, rocas gigantescas con diversas formas, la espesa neblina que le daba un toque único y mágico. Subir en teleférico, recorrer tantas escaleras, caminar bajo la lluvia y dejar un corazón como símbolo de nuestra amistad, hizo que este recorrido fuera inolvidable. Entre risas, conversaciones y el cansancio compartido disfrutamos cada momento, y hasta fue muy curioso que tantas personas quisieran tomarse fotos con nosotros por ser extranjeros.
El mes de Julio inició con una visita incomparable, nos trasladamos al pintoresco pueblo de Hongcun, en donde sus casas de muros blancos, techos oscuros y los llamativos estanques de loto evocaban una tranquilidad intacta que nos permitieron retratar bellos recuerdos.
La “Venecia del Este” así llaman a Suzhou, recorrer sus jardínes clásicos y caminar al atardecer por la emblemática Calle Pingjiang, bordeando sus canales tradicionales iluminados con faroles rojos, nos regaló algunos de los momentos más inspirados y poéticos del viaje.
Shanghai nos recibió con su imponente Torre Perla Oriental, desde el primer momento su tamaño y diseño nos dejó perplejos, preguntándonos ¿qué sensación se sentirá en su interior? o ¿los nervios se podrán apoderar de mí?. Al subir, el ascensor es tan rápido que casi no se nota el recorrido. Lo que más disfrutamos fue la vista panorámica de toda la ciudad y caminar sobre el suelo de cristal, donde se sentía el verdadero vértigo, pensando por un momento que se podía caer, aunque todo era completamente seguro.Las fotografías desde el mirador quedaron espectaculares y tuvimos la oportunidad de recorrer las llamativas tiendas que se encontraban dentro.
Llegó el día más esperado, pero a la vez nostálgico al pensar que esta aventura estaría por terminar. Shanghai Disneyland, una descarga de alegría y magia.
Desde el momento en que cruzamos la entrada, nos internamos en un gran sueño, un sueño mágico que solo lo puede dar este maravilloso lugar, la inmensidad del parque, la atención al detalle en cada una de sus áreas temáticas, zootopia que nos hizo sentir como si estuviéramos realmente dentro de la película, todo era genuinamente mágico. Tuvimos la oportunidad de disfrutar de atracciones emocionantes como TRON que es una de las mejores atracciones del parque, espectáculos llenos de magia, desfiles con nuestros personajes favoritos y un impresionante show nocturno frente al castillo que al ser nuestro último día en China fue algo demasiado especial, este show combinó luces, fuegos artificiales, proyecciones y música, creando un momento verdaderamente emocionante en todo el parque. Más allá de las atracciones, este mágico momento reiteró nuestra unión como grupo, a través de risas compartidas, aventuras, fotografías y recuerdos que quedarán para siempre en nuestra memoria.Sin duda, Shanghai Disneyland se convirtió en otro de los lugares memorables de nuestro campamento.
Finalmente abordamos el transporte hacia el Aeropuerto Internacional de Shanghai, mientras el avión despegaba con destino a Bogotá pensábamos en que más allá de un intercambio fue toda una experiencia, quizá una de las más bonitas e inolvidables de nuestras vidas, en donde China nos enseñó su cultura, su estética, creencias, arquitectura, y su cotidianidad.
Además del conocimiento adquirido y los nuevos amigos, fue un crecimiento personal llevando en nuestras maletas no sólo recuerdos, sino una visión transformada del mundo y lazos de amistad que perdurarán para siempre.
Como grupo estamos muy agradecidos por esta gran experiencia y si tuviéramos la oportunidad nuevamente de vivirla y disfrutarla, lo haríamos sin dudarlo.